La hostelería de Palmones, en un callejón sin salida

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A falta de unos meses para que se cumpla un año de las primeras restricciones ante la pandemia de Covid-19, la hostelería, uno de los sectores más perjudicados por estas medidas y limitaciones, no puede más. Los números no salen, las facturas no dejan de llegar y los ingresos son mínimos, la mayoría de hosteleros asegura que se encuentran enfadados y moralmente agotados. En concreto, los profesionales de la restauración de Palmones, en Los Barrios, centro gastronómico de referencia en el Campo de Gibraltar, llevan sorteando un complicado año en el que, al confinamiento total durante los primeros meses de 2020 y el cierre actual de toda actividad no esencial, se le suman también distintos cierres perimetrales que han dejado moribunda a la hostelería palmoneña, que cuenta con un 80% de su clientela de fuera de este municipio. Cifran entre un 70 y 80% las pérdidas y algunos aseguran que así no podrán continuar adelante.

“Estamos viviendo una situación sanitaria muy complicada, es evidente. Si hay que cerrar se cierra, pero que cerremos todos, o acaso es que ¿es popular cerrar la hostelería?“, comparte con 8Directo/El Templete Manuel Moreno, del reconocido Mesón El Copo. Minutos antes de atendernos, recibía varias llamadas pidiendo reservar mesa en su establecimiento. Todavía algunos clientes, la mayoría llegados de distintos puntos de esta comarca, de la provincia gaditana y Málaga, desconocen que Palmones está cerrada, otra vez. Recorremos con Manolo un Copo con las luces medio apagadas, las mesas y sillas recogidas y las cámaras frigoríficas completamente vacías. Una vez más, ante este nuevo cierre, se han visto obligados a donar los productos frescos de alimentación de los que disponían, sumando más pérdidas a las pérdidas. Manuel Moreno lamenta los momentos de dificultad que está atravesando la hostelería y reclama ayudas directas al sector. “Nosotros estamos cerrados, sin ingresos, pero seguimos pagando la basura, el IBI, IRPF, etc”. Manuel Moreno, nombrado recientemente Embajador del Turismo del Campo de Gibraltar por la Mancomunidad de Municipios, ha aprovechado estos complicados momentos para, junto al apoyo de sus hijas, poner en marcha una asociación que sirva de paraguas y aglutine a los hosteleros de la zona.

Manuel Moreno, de Mesón El Copo.

“La hostelería no es la culpable de lo que está pasando”, comenta Arsenio Fetal, de La Portuguesa; un establecimiento que echó a andar hace dos años tras una importante inversión que todavía no han recuperado. “Nos obligan a estar cerrados pero sin ningún tipo de ayuda, sin una alternativa, y hay que seguir pagando los impuestos, el alquiler, los gastos mínimos. Estamos en una situación límite, no sabemos hasta cuándo podremos aguantar así“, nos explica Arsenio y denuncia que, a pesar de que la hostelería se ha reinventado y adaptado cada día para cumplir con todas las medidas exigidas por las autoridades sanitarias, como la reducción de aforo, el distanciamiento entre las mesas, la disposición de geles hidroalcohólicos y hasta la toma de temperatura, se les vuelve castigar. “Aquí se levanta un cliente y antes de que vuelva otro lo limpiamos todo, desinfectamos las mesas y sillas, pero qué pasa con los colegios, con los centros comerciales y el transporte público. ¿Ahí no pasa nada?“. Un sentimiento de hartazgo, de cabreo, que comparten el resto de compañeros del sector.

Arsenio Fetal y su mujer, propietarios de La Portuguesa.

En nuestro paseo por un Palmones desierto, en completo silencio, en una tensa calma, también nos detenemos con Antonio López ‘Willy’ y Christian Jiménez de Lata Berna. “Las pocas ayudas que hay son algo trampa. Los ERTE por ejemplo, yo estoy cerrado pero tengo que seguir pagando una parte de los seguros sociales de los trabajadores, y los ICO, los préstamos ICO hay que devolverlos”, explica Willy, que capea este temporal metido en obras, reformando y transformando por completo su conocido establecimiento, Restaurante Willy. Unas obras que la pandemia también han retrasado. Christian coincide en la falta de ayudas y destaca la particularidad de la hostelería de Palmones, dependiente de clientes de otros municipios. “Nosotros durante el cierre perimetral estuvimos cerrados, no nos compensaba abrir, abrimos, cerramos, abrimos, cerramos, y así estamos en la lucha”. Ambos envían un mensaje de ánimo y cariño a sus compañeros. “Saldremos de esta, compañeros”, subraya Christian, a lo que Willy añade: “Por favor, que los responsables correspondientes se pongan las pilas”. Claman por una sensibilidad especial hacia un sector que aporta el 6% del Producto Interior Bruto.

Christian Jiménez y Antonio Willy.