Martirio: “La copla era ese lugar donde la mujer daba rienda suelta a su interpretación”

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Martirio atiende a un aficionado después de su charla.

La artista onubense María Isabel Quiñones, más conocida como Martirio, protagonizó ayer una nueva actividad de la agenda de las Jornadas Culturales Andaluzas que se celebran en Los Barrios coincidiendo con el mes de febrero y la celebración del Día de Andalucía.

Miguel Alconchel, alcalde de Los Barrios, fue el encargado de presentar a esta polifacética artista, que recorrió la historia de la copla desde sus inicios, en los años 30, como ese género que fue escrito siguiendo las normas tradicionales de sumisión de la mujer al hombre.

“La copla -dijo Martirio- es heredera del cuplé, del flamenco, de la canción popular, de la zarzuela; está repleta de refranes y moralejas; y sus letras están íntimamente ligadas a la poesía del romancero clásico, donde se mezcla lo culto y lo popular, lo anónimo y lo firmado. Las coplas eran verdaderos seriales de radio, guiones de películas, monólogos teatrales. Cuentan historias de amor y desamor que todo el mundo entiende, ha oido o ha sentido en sus propias carnes”.

La cantante fue aderezando cada una de sus teorías con coplas de los autores y artistas más reconocidos de la historia de este país. Las describió como aquello que se canta con mucha energía y con mucha pasión. “Fueron asumidas por mujeres de todas las clases sociales, quienes las cantaban forjando un escenario propio donde cada mujer podía dar rienda suelta a su capacidad de interpretación, incluso mientras se hacían las faenas de la casa”, señaló Martirio, provocando una de las muchas bromas que el público disfrutó a lo largo de toda su intervención en el Hotel Montera Plaza.

Para la onubense, con las coplas se recrearon historias apasionadas que hacían volar la imaginación de la mujeres y las sacaban de la cotidiana vida gris de la dictadura. Cuando surgió, y en su primera etapa, entre los años 30 y 60, surgió como una música mucho más dramatizada de la que estaba surgiendo en otros países de Europa.

“La mayoría de las mujeres de la época no podía opinar, no podía pensar ni decir lo que quería, pero sentía, amaba y se rebelaba. Y solo les quedó hacer un arte de ese deseo”, explicó, al tiempo que añadió que aunque tenían a lo femenino como protagonista, la escribían los hombres.

María Isabel Quiñones Gutiérrez, onubense,