María José Martín, más de 28 años llevando sus productos de pescado a los hogares palmoneños

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De Palmones, «de toda la vida». Así se presenta María José Martín Amancio, una vecina palmoneña que ha crecido en una familia de comerciantes y ahora es ella quien conduce desde hace más de 28 años su propio negocio. En 1991 puso en marcha la pescadería ‘María José’, en la calle Almería de Palmones, a la que cada día acuden muchos vecinos de esta aldea marinera. Una clientela fija que ya se ha convertido en familia.

María José es nieta de la conocida Manuela ‘la barbera’, a la que recientemente el Ayuntamiento de Los Barrios le ha dedicado una calle. «Lo de vender lo llevamos en los genes», confiesa. Sus abuelos, sus tíos y hermanos también han abierto sus propios negocios. «La familia de mi marido también está muy vinculada al comercio», explica.

«Tenemos mucha suerte de que Palmones sea en un centro gastronómico de referencia»

Pasó varios años trabajando como dependienta en una grande superficie comercial, mientras que su marido dirigía un videoclub en Palmones. «El negocio comenzó a ir mal y decidimos probar suerte con la pescadería. La familia de mi marido se dedicaba a la exportación de pescados y nos apoyaron mucho, nos enseñaron todo lo que sabían. Los comienzos son duros, pero siempre nos hemos sentido muy arropados por nuestras familias. Y la verdad es que hasta hoy nos ha ido muy bien». Tan bien que el matrimonio tiene abierta otra pescadería en Algeciras, en avenida Capitán Ontañón, donde llevan más de veintidós años. 

El negocio ha crecido tanto que además de su actividad diaria, también surten productos del mar a varios establecimientos de Palmones. «Tenemos mucha suerte de que Palmones sea en un centro gastronómico de referencia. Si a ellos les va bien, a nosotros también».

Lo mejor de este trabajo es el trato con el cliente. «He tenido a madres que han venido con sus hijas a comprar y ahora son estas hijas quienes vienen a la pescadería con sus hijos. Tengo una clientela fiel y fija que ha pasado de generación en generación». Y es que hay algo en lo que las grandes superficies no pueden competir con la pescadería de María José: la cercanía y el trato directo. «Además aquí vendemos productos de primera calidad, sacados directamente del mar», añade.

Y aunque el trabajo como pescadera es duro, ella quiere jubilarse ya en esto. «Nos levantamos de madrugada para comprar el pescado y luego pasamos toda la mañana con la venta. Además, el pescado hay que trabajarlo mucho, ensucia mucho y necesita mucha limpieza». 

Sus hijos, que estudian y trabajan, han echado alguna vez una mano en el negocio. Está muy orgullosa de ellos. María José envía un mensaje de gratitud a los vecinos de Palmones: «Gracias a todos por venir durante tanto tiempo a esta pescadería. Estamos encantados. Aquí somos ya una gran familia».