“Los futbolistas deberíamos pensar más en que somos capaces de hacer feliz a la gente”

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Fotos: Nacho Márquez

El fútbol al que no le llega la luz de los astros, el que se encuentra arrinconado en este córner del sur de España, tiene muchos rostros. Uno de lo más conocidos es el de Mario Pérez Rojo (Algeciras, 1983), jugador que ha sido de todos los equipos punteros de la comarca, actual capitán de la Unión Deportiva Los Barrios. A lo largo de su carrera se ha encontrado lo mejor y lo peor del balompié modesto pero, aún así, si volviera a nacer, volvería a ser futbolista. “El fútbol es mi vida”, sentencia.

Mario Pérez reconoce que entre de los pequeños placeres que ofrece este fútbol humilde está ser entrevistado. En esta ocasión, por El Templete de Los Barrios, que busca el lado humano de alguien que lo es, y mucho. Un jugador que desprende honradez dentro y fuera del campo, y que hasta cuando sus palabras pueden resultar punzantes se aceptan con deportividad porque le pega desde la sinceridad y la ausencia de maldad.

¿Cómo recuerdas tus primeros pelotazos?

De chico, en el cole, en la calle y hasta en el salón de mi. Mi padre ha sido siempre un ‘fiebre’, un futbolista frustrado porque su madre no se lo permitía porque quería que trabajara. Intentó hacer futbolista a mi hermano pero no le gustaba y vio que a mí sí y se volcó conmigo. Yo no tenía condiciones porque era muy gordito, hasta me metía goles mi portería porque me ponía nervioso. Mi padre cogió el equipo en el que yo empecé a jugar, el Sotometal. Cuando fui benjamín, él tenía un taller de chapa y pintura en Los Barrios, aunque vivíamos en el Saladillo, en Algeciras, y me apuntó en el Atlético Los Barrios. Mi padre se ilusionó mucho entonces.

Saltamos del principio al final. ¿En qué momento te encuentras ahora?

Me encuentro muy a gusto porque siempre me he sentido muy barreño. Nací en Algeciras y me he pegado mucho tiempo viviendo en Algeciras pero mi infancia la pasé en Los Barrios. También sé que es un club humilde, sé de donde viene, yo viví la unificación (Juventud y Atlético Los Barrios) y siempre he ido a ver a la Unión.

“Hay sensaciones que en ningún otro lugar de mi vida las encuentro, solo en el fútbol”

¿Cómo es ser futbolista en estas categorías en las que no se es profesional?

Es complicado, es complicado. Te tienes que organizar bien con el trabajo, con la familia, con todo, porque para estar en un campo de fútbol tienes que estar con mucha dignidad y hay que jugar con muchas cosas para llegar en las mejores condiciones, por ti y por los que están fuera. A veces es hasta agobiante. Yo le digo a mi mujer que si no tuviese hijos ni estuviese ella me dedicaría plenamente al fútbol porque mi profesión es futbolista, y lo será siempre.

¿Y eso está pagado?

No está pagado pero prefiero sacrificarme por mi pasión, para alargarla. Tengo muchos años que sé que voy a echar de menos el fútbol, a mi padre se lo digo mucho. Es la mejor profesión que hay. Cuando se acabe me voy a sentir huérfano, y me pregunto qué voy a hacer.

Ahora trabajas de repartidor, repartiendo pan de madrugada, entrenando por la tarde, jugando los fines de semana. ¿Cuándo merece la pena todo ese sacrificio?

Hay mucho sacrificio detrás de poca recompensa, pero mi recompensa personal es, por ejemplo, esto, que haya interés en entrevistarme, o que te feliciten después de un buen partido. Llegar a tu casa y cenar con la tranquilidad de que la gente se va contenta contigo. También cuando consigues algo importante como meterte en una fase de ascenso o ascender. Son sensaciones que en ningún otro lugar de mi vida las encuentro, solo en el fútbol.

Recompensa que ha conseguido muchas veces, todo el mundo habla bien de Mario.

Porque creo que soy honrado, tengo muchísimas limitaciones, sobre todo físicas, pero siempre lo intento dar todo e irme con la conciencia tranquila y el día que no me voy así lo paso muy mal, me cuesta hasta dormir y paso una semana muy mala cuando veo que he podido dar más y no lo he hecho.

Has pasado por todos los equipos punteros de la comarca: Balona, Algeciras, Los Barrios y San Roque. ¿Qué te dice cada uno de ellos?

La Balona tiene la afición más sentimental de las que me he encontrado, digamos la más patriótica; el equipo no va bien y te pita pero va al campo. Allí siempre me trataron muy bien y a Alfredo Gallardo le tengo un cariño especial. En Algeciras, no pasa eso, hay mil fieles que todos sabemos quiénes son pero como el equipo no vaya bien, la gente deja de ir. Pero yo soy algecirista, siempre lo he dicho, es mi equipo. El San Roque fue una etapa más familiar, me encontré personas espectaculares, pero no es un club con un afán competitivo grande, allí lo importante era vivir la experiencia y convivir. Y Los Barrios está creciendo; es un club que tiene muchas limitaciones, hace falta más gente de fútbol dentro del club y la afición necesita un año en Segunda B para que viva esa experiencia, pero cuando tenga unos cimientos creados, creo que todavía no está preparado.

 “El fútbol en estas categorías no está pagado pero prefiero sacrificarme porque cuando se acabe me voy a sentir huérfano”


Este año parece que ha habido un ambiente diferente en la UD Los Barrios.

Para como es Los Barrios… Los chavales del Komando Chicharrón están haciendo mucho y están arrimando a gente que nunca la había visto en el fútbol y todo eso se suma a los buenos resultados. Son muy importantes, no se meten con nadie, siempre animando y están haciendo que el pueblo se vuelque con el equipo.

¿Qué significa ser capitán de un equipo como la Unión?

Creo que el capitán no se debe elegir, muchos dicen por antigüedad y no, tiene que ser por el carisma. Aunque lleve un año en el vestuario o quince días pero el que tiene carisma es al que van a seguir. Ahí se resume todo. Capitán en las buenas es muy fácil, para las fotos con el brazalete es muy bonito; en las malas, como en encierros y momentos sin cobrar, no es nada fácil.

De encierros tienes para contar.

Yo a mis compañeros les digo que soy el Messi de los encierros. He vivido dos meses en un estadio, cuando no cobrábamos en el Algeciras. Fueron momentos difíciles que no gustan a nadie.

Claro, lo que le gusta a los jugadores es el fútbol. Hablemos de eso. ¿Qué partidos sueles rememorar a menudo?

Pues muchos: cómo le competimos a la Real Sociedad en el Nuevo Mirador, la eliminatoria de fase de ascenso en Toledo, que fue uno de mis mejores partidos con el Algeciras, y luego el ambientazo del partido frente al Tropezón. Me acuerdo que no jugué titular, Manolo (Sanlúcar, entrenador) me dio una explicación coherente que ahora la entiendo pero aquel día me hundí, escuchaba el ambientazo y no quería ni salir del vestuario. En la segunda parte marqué incluso. Me he sentido futbolista en muchas ocasiones, el Algeciras te hace sentirte futbolista. Se me ponen los vellos de punta.

¿Sois conscientes de que los futbolistas podéis hacer feliz a mucha gente?

Lo pensamos poco, y deberíamos pensarlo mucho más. Lo pensamos poco porque el futbolista es egoísta, piensas en ti, en marcar, en jugar bien y pensamos poco en la gente que viene a ver a su equipo ganar. Es verdad.

¿Qué espinita le deja el fútbol?

Haber jugado en Primera, o incluso en Segunda. Cuando me fui a Terrasa fui a un equipo aspirativo pero fue una debacle. Después me rompí la rodilla y esa espinita de jugar en la LFP sí me ha quedado.

¿El fútbol es tan injusto como dicen?

El fútbol es la vida en formato acelerado. A la larga te pone en tu sitio. A la gente que no trabaja la pone en su sitio y el que se esfuerza, al final tiene su recompensa.

Como canterano que has sido, ¿cómo ve la cantera, lo que viene, el futuro?

Creo que el fútbol base va a más, tiene entrenadores preparados, lo que no va a más son los padres. Los padres sobreprotegen y no dejan que los niños se encuentren solo ante los problemas. Ahora llegan a los equipos, no juegan dos días y se quieren ir a otro donde lo tengan más fácil. Los padres quieren dárselo todo mascadito a sus hijos para que se sientan felices pero están creando un monstruo porque luego los problemas van a llegar y no van a poder evadirlos tan fácilmente ni van a saber afrontarlos ni luchar por lo que quieren. Ese es el problema del fútbol base.

Porque un futbolista tiene que hacerse.

La mayoría de futbolistas se hacen, excepto unos cuantos elegidos. Yo no tenía condiciones, la mayoría del equipo era mejor que yo pero a mí me gustaba mucho y me volqué; si no hubiese sido tan exigente conmigo no hubiese jugado al fútbol. Luego tienes que saber qué clase de futbolista eres. Yo medía 1,90 y yo quería desbordar como otros, hacer uno contra uno. Con los años te dices: Mario esto no lo puedes hacer, y tienes que ir rectificando, eso son años y años, hasta convertirte en el futbolista que más te conviene.

¿Después del Mario futbolista, qué viene? ¿El Mario entrenador?

Me gustaría entrenar en un futuro pero, como he hecho como futbolista, tendría que pulirme mucho. No sé si personalmente voy a valer para eso porque mi carácter es peculiar. Yo miro mucho a la persona y soy muy sentimental, y tampoco quiero dar  la sensación de buena persona, sino ser recto, pero es difícil. Ser entrenador es diferente a ser futbolista; el entrenador nunca va a tener contento a todo el mundo. Un vestuario es muy complejo y los pequeños detalles marcan mucho.

¿Algún entrenador te ha marcado especialmente?

José Luis Montes por su manera de transmitir, por lo rudo que era pero te marcaba. Creo que Manolo Sanlúcar nos sacó mucho rendimiento en el Algeciras. Rafa Escobar es un entrenador de superior categoría pero tiene un carácter muy peculiar. Carlos Ríos es peculiar también, es más humano. Me siento identificado con él. Carlos no habla de fútbol te habla de la vida; te dice que tenemos que dar lo máximo hoy porque mañana no sabemos dónde vamos a estar.

Estamos en el descuento. Algo que te quede por decir.

Nada, creo que lo hemos tocado todo. Simplemente decir que yo he sido superfeliz, si volviera a nacer volvería a ser futbolista. Tengo anécdotas, tengo amigos, partidos, viajes… Son las cosas que nos vamos a llevar a la tumba, ni dinero ni coche ni nada. La experiencia del partido del Tropezón o la del Toledo.

 

 

 

 

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